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1 may 2011

La vieja indecencia

El único mérito que puedo concederme en esta vida moteada de algunos éxitos y muchos fracasos, en esta carrera ingrata que me eligió, en este oficio artesanal de tratar de encontrar la verdad que a pocos importa y las mentiras que ya no escandalizan, el único mérito que me concedo, digo, es no haber cedido a la tentación del medio: resígnate, así es el Perú, tolera lo que todos, créeles a los idiotas de la derecha, a los que hacen negocios turbios y a la vez editorializan en relación con “los valores de la democracia” (cuando la verdad es que se zurran en ella y en lo que significa).
Naces en este país hermoso y complicado y la primera sugerencia que te asalta es la del estoicismo: quédate quieto, tranquilo hermano, así es esta vaina, esto no lo arregla ni el sillau. Y se te puede pasar la vida haciéndote el de la vista gorda, haciéndote el loco y asistiendo con cara de palo a las grandes mecidas.

–Nada puedes hacer, esas son las reglas– susurra el aire tóxico de Lima.
–Esto no lo ha cambiado nadie– remacha una sombra, la sombra de lo que pudiste ser.

Me van a perdonar pero yo jamás creí en eso. Jamás hice el muertito en el mar de los sargazos de las voluntades, quebradas o roídas. ¿Por qué? Porque siempre creí que en el país de las cabezas gachas había que mirar lo más lejos que se pudiera. Porque viendo a las hormigas a uno le dan ganas de volar. Porque hay belleza en la rebeldía y una flácida fealdad en el conformismo.

Porque, en fin, siendo un viejo creyente del agnosticismo siempre he pensado que Jesucristo fue un hombre revoltoso asesinado por el orden imperante. Y que sin la rebeldía de Cáceres habríamos detenido nuestra historia en el mísero Iglesias. Y que sin la rebeldía de De Gaulle los franceses habrían tenido que arrastrarse junto a Petain, ese gran derechista pro nazi.

Mi generación ha fracasado. Pudimos tener a un refundador del país y construimos a García. Pudimos tener a un inconforme consagrado por las multitudes, a alguien que estuviese más impulsado por el amor que por el odio, pero nos detuvimos en Robespierre y en sus encarnaciones criollas.

Pudimos tener un país y lo que permitimos fue un mall. Ahora la pelota está en el tejado de los jóvenes. De ellos dependerá que este país cambie de verdad.

Hace como mil años que vivimos hablando en voz baja, consintiendo.
Hablamos bajito cuando los incas podían desollarte. Y más bajito cuando los españoles te podían trocear. Y todavía con murmullos cuando fuimos libres de boca para afuera pero súbditos de los sucesivos caudillos que creían que el Estado era un bien raíz y una chacra para los amigotes. Así fuimos haciendo esta gran Aracataca. Macondo hicimos.

Pensar era –y es– una anomalía. Disentir, una provocación. Rebelarse, una extensión de la locura. En un país dominado por la injusticia hablar de la injusticia te podía costar El Frontón. Y luchar contra ella, la vida.

Frente a un Túpac Amaru hubo cien Piérolas creando sus propios califatos. Porque el miedo a la libertad no es solo el título de un libro de Fromm. Es la consigna que la derecha le ha impuesto al Perú. Está en su escudo desarmado y en sus genes vendedores mayoristas de su propio país.
Todos roban –te dicen–. Y eso es casi una invitación a robar. Porque si todos roban, ya nadie roba.

–Aquí no hay castigos ni recompensas, todo se olvida– te muelen repitiéndolo. Y eso es otra incitación a la impunidad.

Lo criollo es también esta salsa espesa de quietud egoísta. Las verdaderas tradiciones peruanas no son las de Ricardo Palma: son decir sí y estar en la foto.

¿Exigir cambios? Eso es –dicen los que cortan el jamón y los idiotas de sus services– de chavistas, rojos, perfeccionistas, amargados y renegones. En el Perú la ira de los pobres se combate con misas o balazos y hay un estoico agazapado en cada futuro, detrás de la maleza de los días. Y cuando estemos lo suficientemente ablandados, vendrá el tiro de gracia. Y cuando venga el tiro de gracia, cuando ya no pienses sino en ti mismo y bailes solo en la loseta ínfima que te asignaron, ese será el día final de tu hechura: serás uno de ellos. Hablarás como ellos, maldecirás como ellos, venderás como ellos. Y, sobre todo, harás lo que ellos: negar al otro y sólo reconocerte entre los tuyos.

Que los jóvenes aprendan la lección. Nada cambiará si no matamos la resignación.

Porque la democracia no consiste en votar de vez en cuando. Consiste en ejercer la libertad a cada rato.

Los esclavos no aman la libertad –esa es una mentira altruista–. Solo los libres pueden amar la libertad y defenderla.

La mansedumbre no es madurez sino derrota. El aguante es la amnistía crónica. La docilidad es lo que se les exigía a los negros carabalíes embarcados a la fuerza en el puerto de Macao. La libertad no mata. La paciencia es una mentira teologal que contradice a Cristo y que Cipriani aplica en cada hostia. Cristo fue impaciente. La vida es una ráfaga impaciente.

Los peruanos no nacimos un día en el que Dios estuvo enfermo, como decía Vallejo de sí mismo. Naceremos el día en que sepamos apreciar el vértigo creador de la palabra desacato. El desacato no es el caos. Caos es lo que vendrá cuando las presiones sociales, contenidas por el plomo y la mentira, revienten otra vez.

Y ahora sería un magnífico desacato, un descomunal acto de rebelión democrática o dejarse engatusar por quienes quieren, en el colmo de la indignidad, que premiemos a la hija de un ladrón y asesino –ladrona ella misma al gozar del dinero robado– con la presidencia de la República.

Y todo por cerrarle el camino a un señor que quiere cambiar algunas cosas. Solo algunas cosas. Un señor al que la experiencia ha moderado y que se ha comprometido a no hacer experimentos anacrónicos. Pero que sí quiere que las mineras paguen lo que deben, que los impuestos sean más directos, que los viejos estén menos desamparados, que haya menos hambre y que la pobreza rural se atenúe todo lo que se pueda sin desbaratar la economía. Y que quiere también que el gas peruano abastezca primero a los peruanos y que los grandes proyectos de exploración y explotación de la minería y del petróleo se concilien con los intereses nativos y las normas ambientales que no se están cumpliendo.
La derecha quiere volver a demostrarnos que siempre gana. Presentó cuatro candidatos –cuatro variaciones de la misma melodía: Castañeda, Toledo, PPK y K. Fujimori– y los cuatro perdieron. Ganó un hombre gris que propuso algunos cambios. Y lo peor: sale la primera encuesta pos primera vuelta y el hombre sin demasiados atributos ¡sigue ganando! Y sigue ganando porque Lima, este espanto, no es el Perú. Porque el gobierno de Las Casuarinas está en crisis. Porque el modelo García, una combinación de Caco con Friedman, drena sanguaza.

Entonces, la derecha propone liquidar, de una vez y para siempre, esta pesadilla que aturde al dólar, baja las acciones, hace chorrear el rímel. Para eso están su tele, su radio, sus periódicos. Y se deciden por lo previsible: la campaña del terror.

Solo el terror podrá salvarlos. Porque saben que su prontuariada candidata es impresentable aun para 75 por ciento de peruanos.

Lo único que cabe, entonces, es bombardear al incómodo reformista con todos los B-52 de la calumnia, el rumor, la mugre, la idiotez que los cándidos pueden propagar. El propósito es el homicidio político del hombre que propone algunos cambios. Y los muertos no pueden ganar elecciones.

Hablan de intromisión extranjera los que quisieran anexarse a los Estados Unidos o al Chile potente que sus tatarabuelos dejaron entrar con su cobardía y su desunión. Denuncian que la libertad de prensa peligra quienes despiden a periodistas que se niegan a sumarse al lodo de la campaña contra Humala. Y advierten que el empleo está amenazado quienes han creado la mayor cantidad imaginable de empleos basura y services explotadoras.

Y a todo esto le llaman “elecciones democráticas”. A ensuciar la inmundicia le llaman “debate”. Y no tienen problema alguno bancando a una candidata indecente. Ellos representan la vieja indecencia de las encomiendas, las ladronas leyes de consolidación, el festín del guano. La señora K. Fujimori les cae como anillo al dedo.
Por César Hildebrandt

3 nov 2009

EL CASO MALPARTIDA

El Perú en el que Sendero juntaba la pólvora de las minas y la hacía reventar en coches o sobre cadáveres, no era precisamente un país que Montesquieu hubiese saludado como ejemplo.
No era un país: era la anarquía que aspiraba llegar al terror, era el terror que quería la anarquía. Era una hemorragia y una sucesión de difuntos.
Y en ese país espantoso, muchos sobrevivieron fingiendo que acataban las órdenes de la mula, doblemente estéril, del senderismo. La otra alternativa era oponerse y morir. O colaborar con el enemigo y morir con un letrero de soplón sobre el pecho.
Ese fue el caso, según todos los datos que se pueden tener a la mano, de la parlamentaria andina Elsa Malpartida.
¿Tiene algún sentido sacar de las vejeces judiciales este asunto?
Sólo lo tendría si se demostrara que la Malpartida ha vuelto a “obedecer” a lo que queda de Sendero –ese muñón llamado Camarada José, maoísta que no terminó de leer “Coquito”-.
O si se pudiera probar que la Malpartida, al simular que acataba a las hordas senderistas, participó en algún homicidio o en algún atentado.
Si nada de eso se puede ni decir ni comprobar, la única razón para sacar de las secretarías este asunto es continuar con la evidente campaña que, desde diversos sectores, se ha emprendido en contra del Partido Nacionalista.
Quien escribe esta columna ha criticado muchas veces a Ollanta Humala. Y lo seguirá haciendo, a pesar de las rabietas de sus íntimos y de sus percebes.
Pero esa independencia me da cierta autoridad como para decir que, en el caso de Elsa Malpartida, el huaqueo periodístico en cuestión parece proceder del Apra y de los servicios de inteligencia cercanos a cierta vicepresidencia.
La apuesta es alta: si se logra meter en la cabeza de buena parte del electorado la idea de que Sendero ha infiltrado al humalismo, la derecha se habrá librado de su más serio enemigo y podrá dedicarse a uniformar y pasteurizar el resto de la campaña electoral.
Porque aquí de lo que se trata es de que ningún candidato cuestione “el sistema”, esa cuchipanda de sacro mercado, cholo barato, prensa alquilada y reprimarización total de la economía.
Ese escenario, que algunos llaman “el modelo”, no puede desmontarse. Puede cambiar el elenco, puede el director ser sustituido, pueden las candilejas encenderse con otros colores, pero lo que no puede cambiar es la obra ni el teatro ni la tramoya.Y en ese sentido, sólo Humala es, por ahora, la nube gris que nubla su camino.
Y a Humala hay que darle duro y como sea, como en el 2006.
El problema es que este Thriller selvático se presenta justo en el momento en que Canáan está en Lima, los petroaudios amenazan y las revelaciones sobre el maridaje García-BusinessTrack tienen muy nervioso al califato entero de Alí Babá Kurí.
O sea que estamos ante una descarada bomba de humo.
Posdata: No entiendo muy bien cómo es este asunto del voto facultativo. ¿Es que los pobres, por ahorrarse el microbús, van a dejar de votar y por eso hay que obligarlos a hacerlo? ¿Y la conciencia de clase? ¿Y el trabajo de las izquierdas construyendo esa conciencia? ¿Y si tanto importan los pobres, por qué el PPC y el fujimorismo se oponen, también rabiosamente, al voto libre?
Escribe:Cesar Hildebrandt/Diario La Primera

20 sept 2009

HABLA CESAR HILDEBRANDT

"El poder económico hace la prensa. El periodismo peruano está en caída libre, porque está secuestrado por grandes intereses", afima el mas importante é influyecte periodista peruano, tras su renuncia a Canal 11.

Vladimiro Montesinos hizo lo que hacen algunos especialistas forenses. Le puso Luminol a la superficie para que salieran las manchas de sangre de un gran crimen”.
A Alan García no le gusta la prensa, la detesta. Si él pudiera controlaría a la prensa. Pero allí, la otra gran paradoja: ¿necesita García controlar a la prensa? La respuesta es no. La prensa ya está controlada”.
Barack Obama no está haciendo ninguna reforma importante, a excepción de la salud que es una reforma absolutamente doméstica, que no tiene ninguna trascendencia mundial”.
-¿César, cuántos años en el periodismo?
-Mira, desde 1968 cuando inicié mi colaboración con Alfonso Tealdo.
-¿Y qué te dejó el periodismo en estos años?
-La convicción de que volvería a ser periodista si pudiera reencarnarme y rebobinarme…
-Hablando en términos contemporáneos, ¿tú ves cambios positivos en la realidad peruana?
-Algunos positivos y muchísimos negativos. Yo no veo al Perú viable en las próximas décadas. Tiene problemas gravísimos: el deterioro educacional, cultural. Somos un país extraordinariamente inconsciente de la magnitud de este problema.
-Es paradójico que las dictaduras de Odría y Fujimori hicieran elogio de sus obras en educación, a diferencia de gobiernos aparentemente democráticos…
-¿Será que al sistema tampoco le interesa mucho formar, educar, y será que a las dictaduras, por ser precisamente ajenas al sistema entre comillas, sí se preocupan por ella? Es una propuesta para el debate ¿no?
-Y el periodismo, ¿ha progresado, ha avanzado, ha mejorado, o se ha deteriorado, como muchos advierten?
-El periodismo peruano está en aterrizaje de emergencia hace muchos años. Es un lento aterrizaje de emergencia y no se sabe en qué piso. Ojalá que no sea en el de Tocache.
-¿Cuáles son las razones de ese deterioro?
-El nivel cultural de los periodistas, el nivel empresarial. Si tú comparas a Pedro Beltrán con los hermanos Agois, uno se da cuenta de la diferencia. Si comparas a César Miró con alguno de los periodistas de la prensa de hoy, bueno, ya no digo si comparas a las luminarias. El problema básico es que el periodismo no está hecho por periodistas en la mayor parte de los casos.
-Antes los periodistas se enfrentaban con el poder político. Ahora tienen que lidiar también –a veces dentro de los medios- con el poder económico. ¿Eso dificulta cada vez más el ejercicio de la profesión?
-Creo que lo del poder económico ha sido crónico, pecado original nunca superado. Creo además que este es un fenómeno mundial, pero creo también que en otros países hay un tejido social que permite una mayor independencia de parte del periodismo. Pero el periodismo sigue siendo una pieza dentro del ajedrez económico, en el Perú y en el mundo.
-¿El manejo que hizo Montesinos de la prensa peruana sirvió para incrementar su deterioro?
-Sí. Lo que hizo Montesinos es lo que hacen algunos especialistas forenses. Le puso Luminol a la superficie para que salieran las manchas de sangre de un gran crimen. Y salieron muchas manchas de sangre, pero continúa, ah. El asunto del manejo inescrupuloso de la información continúa con, por supuesto, el disfraz de la empresa libre…
-El Perú vive rodeado de escándalos de todo tipo. Eso alimenta a alguna prensa, pero cuando se trata de escándalos del poder político éstos se silencian. ¿Qué sensación te deja eso?
-La sensación de que mientras la prensa esté secuestrada por los grandes intereses, no se va a poder, de ninguna manera, llegar al fondo de muchas cosas. No olvidemos que hay periodismo de investigación distractivo, el periodismo de investigación se ha convertido también en parte del entretenimiento. Como no pudieron aniquilarlo, lo que decidieron fue desarmarlo y convertirlo en periodismo de investigación de cosas totalmente secundarias, ajenas a lo central. Y lo central sigue siendo que aquí unos pocos ganan mucho, y muchísimos ganan poco.
-La gran historia que prometía ser el tema de los petroaudios ha quedado estancada, por decir lo menos…
-Pero es que la historia no da para más. No es que el inepto juez Barreto haya decidido que la historia no vale mucho. La historia no hace más que desnudar el lobismo, pero el lobismo de Rómulo León resulta pues anecdótico frente al lobismo de Pedro Pablo Kuczynski. Lo que pasa es que nadie le interceptó el teléfono a Kuczynski, pero me encantaría oír qué se decían el presidente de Hunt Oil y el señor Kuczynski, cuando el señor Kuczynski hacía todo lo posible para que Hunt Oil fuera escandalosa y delictivamente favorecida.
-Y ahora estamos en la encrucijada de que el gas se va para afuera y no para el consumo interno, la venta de tierras de la Amazonía o los contratos que se renegocian o se reescriben descaradamente…
-Yo diría que estamos igual o peor, pues este gobierno ha dado pasos completos con relación a la aplicación de este modelo primario, extractivo, exportador. Y para mí lo peor es que la tesis de que no hay alternativa, ha logrado éxito. Y ha logrado convencer a gran parte de la inteligencia y la juventud. Ese es el gran problema. El pensamiento único se está imponiendo. Es decir hay una suerte de tardío triunfo del idiota señor Fukuyama. Entonces, mucha gente ya no hace nada, porque efectivamente cree que la historia terminó.
-En EE.UU. y otros lugares, aparentemente, soplan nuevos vientos. Obama intenta cambiar en algo la política guerrerista, darle seguro médico a los que no lo tienen… ¿en el Perú se quedó congelado ese pensamiento?
-Discrepo contigo. Obama no está haciendo ninguna reforma importante, a excepción de la salud que es una reforma absolutamente doméstica, que no tiene ninguna trascendencia mundial. La manera de juzgar a los Estados Unidos es juzgando: ¿Qué hace en Irak? Lo mismo. ¿Qué hace en Afganistán? Lo mismo. Y ¿qué hace en el Medio Oriente, sobre todo en Palestina e Israel? Lo mismo. No ha cambiado para nada su política exterior.
-Volviendo al Perú. ¿Alan García necesita intimidar a la prensa, presionarla?
-A Alan no le gusta la prensa, la detesta. Lo supe por enésima vez, de modo muy directo, cuando informé en mi columna sobre la existencia de Federico Danton. Reaccionó con una ferocidad pocas veces vista en Palacio. Si él pudiera amarraría a la prensa, si el pudiera controlaría a la prensa. Pero allí, la otra gran paradoja: ¿necesita García controlar a la prensa? La respuesta es no. La prensa ya está controlada.
-¿Está seducida por el poder?
-Claro, porque García en este momento lo que encarna es el poder económico. Y el poder económico ya se encargó de domesticar a la prensa. Antes el poder económico influía en la prensa, ahora el poder económico hace la prensa. Con eso se acabó el debate. Mientras los periodistas no sean conscientes de eso, simplemente van a seguir siendo los empleados y los escribas y los amanuenses. Ese es el gran drama. El periodismo ha perdido protagonismo. Los periodistas se creen importantes, no lo son para nada.
-César, tú vuelves a tener un nuevo accidente de trabajo. ¿Cuál fue la intención de Ricardo Belmont al mandarte ese escrito?
-Bueno, seguramente creyó que podía yo aceptarlo, hipótesis uno. Hipótesis dos, provocarme para que me fuera. Hipótesis tres, cumplir un encargo, todo es posible. El asunto es que esa directiva que me envió era absolutamente inaceptable. Él me había hablado de que me sumara a la política del canal, que iba a ser una política muy vinculada al Congreso, pero a mí se me pararon los pelos cuando me enteré que en una reunión había dicho que el canal tenía que tener las puertas abiertas a Luis Alva Castro…
-Eso dijo?
-Textualmente y lo puedo sostener. Entonces dije: Si esta va a ser la política del canal, mejor poner a buen recaudo mi existencia. En fin, me he ido por decimaquinta vez de un canal. Algunas veces me han botado, otras veces me he ido, este es el decimoquinto incidente, pero si no me sometí a Genaro Delgado Parker, por qué debo someterme al señor Belmont...
-¿Cuál es tu futuro profesional?
-Ninguno. Seguir escribiendo en LA PRIMERA. No tengo ninguna oferta, no espero ninguna oferta y ya veré qué hago. Tomaré unos días de descanso y seguiré escribiendo el libro que se va a publicar a fin de año, que se llama La cámara del terror, que es justamente mi autobiografía en relación a la televisión.
-Qué te gusta más ¿la televisión o la prensa escrita?
-La prensa escrita es infinitamente superior…

Entrevista: Efraín Rúa/Diario La Primera